Resumen
Este artículo examina la formación inicial docente en Iberoamérica desde la relación entre sentir, identidad profesional y territorio educativo. Sostiene que aprender a enseñar no puede reducirse a la transmisión de contenidos, al entrenamiento técnico ni a la exposición acumulativa a la práctica escolar. La docencia se aprende como una práctica situada, afectiva, relacional e intelectualmente exigente, en la que quienes se forman elaboran biografías escolares, negocian pertenencias institucionales, construyen juicio profesional y aprenden a actuar en territorios marcados por desigualdades, memorias pedagógicas y posibilidades de transformación. A partir de literatura sociocultural, situada, reflexiva e identitaria, y en diálogo con diagnósticos regionales sobre América Latina, el Caribe y España, se propone una pedagogía de la formación organizada mediante episodios de mediación profesional: movilizar, evidenciar, descubrir, intervenir, aplicar y renovar. Estos episodios se presentan como una gramática flexible para diseñar experiencias formativas que articulen investigación científica, conocimiento empírico y saber pedagógico territorial. El artículo argumenta que formar docentes implica crear condiciones para que quienes aprenden a enseñar puedan sentir la complejidad de la profesión sin quedar paralizados por ella, reconocer su identidad docente en construcción y participar en comunidades capaces de sostener la promesa pública del derecho a aprender.

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